Prólogo
Con las manos metidas en los bolsillos y la cabeza gacha
se replanteaba su vida. Todo había cambiado en unos meses para él. Su familia,
ya no existía. Sus amigos, eran algo que había quedado perdido en el olvido y
que, después de tantos cambios, carecía de sentido. Incluso su propia
existencia se vio diezmada tan solo por lo que encerraban unas simples palabras
escritas en un trozo de papel.
Todo por culpa de esa maldita guerra y la profecía que la
acompañaba.
Cruzó el paseo marítimo y comenzó a caminar por la playa.
Un restaurante próximo al mar estaba recogiendo y apagando las luces. Ya casi
era de día, y estaba prácticamente desierta, a excepción de algunos
adolescentes enamorados que iban a sentarse allí.
Se dejó caer en la cálida arena y hundió las manos en
ella mientras tomaba una gran bocanada de aire de mar.
Una sombra cruzó volando la noche, produciendo una suave
brisa que le removió los cabellos, casi como un aleteo. El muchacho sonrió de
medio lado.
Tan solo tenía que cumplir con la misión que le habían
encomendado y sería libre para seguir su camino. Tan solo debía encontrar a la
chica y asegurarse de que estaba sana y salva.
Parecía sencillo, ¿no?
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